En este post vamos a hablar sobre estabilidad de zanjas y los coeficientes de seguridad con los que se trabaja, muchas veces desconocidos en el día a día de la obra. Vaya por delante mi agradecimiento al verdadero artífice Jorge Ibarra, gran colega y especialista en el campo de la mecánica de suelos y rocas ya que sin él, este texto no habría visto la luz.

Las zanjas son elementos cuya importancia no debe pasarse por alto, máxime teniendo en cuenta la cantidad de accidentes, muchos de ellos mortales que se han producido a lo largo de los años.
En España es relativamente habitual emplear las recomendaciones que sobre la excavación de zanjas realiza el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo en su guía de buenas prácticas NTP-278, la cual está basada en la norma tecnológica NTE-ADZ.
Esta guía cubre anchos de hasta 2,0 m y profundidades máximas de 7,0 m (aunque en la práctica se limite a 5,20 m como luego se verá), excluyendo los suelos muy blandos y los suelos expansivos, considerándose peligrosas a partir de profundidades de 1,30 m para terrenos consistentes y de 0,80 m para terrenos corrientes. También se consideran peligrosas excavaciones cuya pendiente sea superior a su talud natural.
Las medidas propuestas en la NTP-278 se recogen en la siguiente tabla.

Esta guía permite realizar cortes verticales sin entibar en los casos en los que se trate de un terreno cohesivo y no existan solicitaciones de cimentación o de vial que puedan afectar a la estabilidad. Esta altura máxima se muestra en la siguiente tabla.

A la vista de la tabla, podemos preguntarnos qué factores de seguridad se están manejando para la obtención de dichos resultados. Pues bien, a continuación vamos a deducirlo.
Advertisement